Educación patrimonial - pasado, presente y futuro

Este artículo surge en un momento en el que es urgente preocuparnos más por el futuro (o la falta del mismo) de la educación patrimonial, sobre todo debido a la constante evolución de los medios digitales. Estos medios digitales pueden y deben ser herramientas que beneficien la difusión del patrimonio cultural, pero no deben sustituir una interacción más personal y real con un determinado bien cultural, material o inmaterial.


Dicho esto, con el fin de garantizar un contenido bien fundamentado y que promueva el debate, este artículo se dividirá en dos perspectivas.

 

 

Perspectiva de Ana Rita Rodrigues, licenciada en Gestión del Patrimonio Cultural (ESE-P.PORTO) y estudiante de máster en Historia y Patrimonio (FLUP) https://www.linkedin.com/in/ana-rita-rodrigues-220a27325/

La educación patrimonial es, en mi opinión, uno de los campos más infravalorados en la sociedad actual. Y esta infravaloración comienza desde la base: el propio concepto de patrimonio no es comprendido adecuadamente por la mayoría de las personas. Si no sabemos qué es el patrimonio, difícilmente comprenderemos la importancia de educar sobre él. Se crea así una especie de bola de nieve, en la que la falta de claridad conduce a la falta de cuidado y, en consecuencia, al olvido.

Para mí, la educación patrimonial es crucial porque no se limita a mirar al pasado: es una forma de garantizar el futuro. Al educar sobre el patrimonio, estamos cultivando el respeto y la responsabilidad, estamos asegurando que los bienes culturales, las tradiciones o las memorias locales e internacionales no desaparezcan, sino que se transmitan. Se trata, por tanto, de una inversión a largo plazo que garantiza la continuidad de la identidad colectiva. 

 

Más que memorizar fechas o estilos arquitectónicos, la educación patrimonial significa crear conciencia de pertenencia. Significa comprender que cuidar una capilla, un museo, una fiesta popular o incluso una memoria oral no es solo conservar «cosas viejas», sino velar por nuestra identidad. Al preservar, también cultivamos, y al cultivar, creamos las condiciones para que las generaciones futuras puedan disfrutar de la riqueza cultural que hemos heredado.



En el fondo, la educación patrimonial es un ejercicio de ciudadanía. Nos enseña a cuidar lo que es común, a valorar lo que recibimos y a reconocer que la identidad colectiva solo sobrevive si se alimenta continuamente. Sin ella, corremos el riesgo de vivir un presente sin raíces y de dejar un futuro sin memoria.

 

 

Perspectiva de Tiago Serralva Almeida, licenciado en Gestión del Patrimonio Cultural (ESE-P.PORTO) y máster en Patrimonio, Artes y Turismo Cultural (ESE-P.PORTO) https://www.linkedin.com/in/tiago-serralva-almeida-7275071b1/

Al desmontar el concepto de patrimonio cultural, nos damos cuenta de que sus raíces son muy amplias. En el caso de Europa, la preocupación por este concepto surge en el siglo XIX, sobre todo en «(...) el momento de desarrollo del modo de producción capitalista vinculado a la industrialización» (Pozzer, M. (2018). La construcción histórica del patrimonio cultural. Revista Historiador Número 10. Año 10). La industrialización trajo consigo puestos de trabajo y evolución, pero también un miedo inherente a todos los seres humanos, el miedo a lo desconocido y a lo «nuevo». 

 

La educación patrimonial también surge para desmontar la idea de que el patrimonio cultural es estático y no acompaña la evolución de los tiempos. ¡Error! Corresponde a los técnicos educativos y patrimoniales mostrar a las generaciones más jóvenes que, por mucho que el mundo y las naciones avancen hacia una era transversalmente digital y de información rápida y cada vez más accesible, el verdadero conocimiento sobre nosotros mismos reside en nuestra identidad cultural.


A su vez, la identidad cultural es también un concepto difícil de explicar. En mi opinión, educar no es solo explicar la razón o dar una definición concreta, sino también poner ejemplos. Esta es la mejor manera de explicar qué es la identidad cultural y cómo se manifiesta:  

 

La identidad cultural surge envuelta en dos líneas de pensamiento: el sentimiento de pertenencia y la forma en que lo preservamos. Por un lado, el sentimiento de pertenencia nos ayuda a comprender dónde encajamos en el territorio y qué tipo de costumbres culturales y sociales nos hacen sentir orgullosos. Por otro lado, también debemos pensar en el futuro para preservar el pasado, mantener ese orgullo y transmitirlo de generación en generación. Para ello, la educación patrimonial puede y debe surgir también para sensibilizar. Me refiero a la importancia de tratar bien y visitar nuestros monumentos, museos, galerías de arte, espacios arqueológicos y a las personas.



Fíjense que he escrito «personas». Ellas también son patrimonio e historia, viven de la inmaterialidad que ha traído el desarrollo industrial, pero reviven la materialidad y la artesanía que antaño construyó Imperios. 

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